Sunday, November 22, 2009

Comunidades interpretativas I


Los que trabajamos en la academia sabemos que una premisa predomina sobre las otras: publicar o morir. Esto quiere decir que, además de las ineludibles faenas de la enseñanza, es preciso dedicar muchas horas a la lectura, la meditación y la escritura. Esta parte es, según sea el interés del investigador, más o menos oprobiosa, pero en ningún momento deja de ser una tarea sumamente ardua y cansina. Ya se sabe.
El compromiso con la investigación debe estar en todo momento por encima de las urgencias familiares o personales; si no es así, se corre el enorme riesgo de caer en las garras de una mediocridad autocomplaciente, una suerte de grisura triste y soez. Hablo de compromiso porque lo que se encuentra en juego no es solamente la producción de un objeto de relativo valor y utilidad sino que nuestro trabajo puede y debe poseer, sobre todo, un carácter trascendente. El debate teórico no puede limitarse y encerrarse sobre sí mismo, debe, sobre todo, salir a buscar soluciones ahí donde se planteen problemas de fragmentación y desencuentro. Sin la presencia de cierto pragmatismo el esfuerzo reflexivo se consume a sí mismo y se condensa de tal manera que llega a ser ilegible, se vuelve monólogo, ruidoso silencio, nada.
Creo que el trabajo académico debe realizarse, aun así se trate de las humanidades, en el seno de una comunidad interpretativa. Ciertamente se han de dar -e incluso promover- la pluralidad y la divergencia, pero en todo momento ha de prevalecer cierta teleología, cierto meta común que habrá de darle cohesión al grupo de investigadores. No es posible que sin atender esto, que debería ser evidente en sí mismo, un grupo profesoral pueda llegar a ningún lado que no sea la dispersión, la repetición, la pobreza imaginativa y, fatalmente, una suerte de senilidad intelectual.
De nada sirven esos esfuerzos meditativos de los que he hablado al comienzo de esta nota, de nada sirven si es que no son tamizados por ese filtro primero que debe ser la revisión en conjunto al interior de un seminario permanente. La ausencia de esta colegialidad nos empobrece a todos.

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