Tuesday, July 01, 2008

La voz sin voz


Cuando voy a los parques me entretiene, más que la naturaleza, el estrecho gozo de los padres con sus criaturas. Los veo pasar las horas de la tarde en el disfrute mutuo, encantados y detenidos en ese precioso instante de reconocimiento.
Es la vida la que crece en esos momentos, la que se reconoce y que irrumpe dando un poderoso salto indefinible. Para el espectador atento, la estampa abandona la línea de los sucesos cotidianos y encarna la sagrada forma del mito. El tiempo se detiene y es posible atisbar, sólo atisbar, una porción de eternidad.
Yo me pregunto si en virtud de estos dorados momentos que nos son dados de vez en cuando no valdrá, pues, por ello la pena el más profundo de los sufrimientos.
Toda palabra nos distrae y los sentidos son los demonios que nos incitan a abandonar el camino. Es el momento de la contemplación, para eso hemos nacido.