Tuesday, February 09, 2010

Política y partidos en México


El natural recelo que los mexicanos tenemos ante el ejercicio de la política se encuentra determinado, así me lo parece, por el execrable desempeño de los partidos políticos. La verdad es que estas instituciones, necesarias en toda nación verdaderamente democrática, en nuestro país han servido para privilegiar y solapar a algunos pocos que, por muchos que sean, no dejan de ser una minoría en relación con el resto de la población. Que no se olvide.
El político, llamémosle profesional, pertenece a una estirpe que se desenvuelve en un mundo paralelo, un mundo que, si acaso tiene alguna conexión con la realidad ordinaria, -la tuya, la nuestra-, ésta se ha de encontrar en función de la climatología electoral; en otras palabras, a la casta política sólo le interesa el pueblo cuando se trata de conseguir votos, cuando no, pues no. Esto, que dicho tan llanamente suena a perogrullada salvaje, tiene un aspecto, tiene consecuencias directas que son las que a mí me interesan sobre todo. Cuando la política es degradada y envilecida por la búsqueda de los intereses inmediato, el pueblo no sólo recibe la afrenta del mal desempeño de sus gobernantes sino que también recibe una herencia que, en materia de prácticas comunitarias es profundamente dañina, la desconfianza. No es posible consolidar futuro alguno cuando el ciudadano sabe que sus esfuerzos están condenados a ser perpetuamente insuficiente, además, como consecuencia de ello se ocasiona en la persona un desgano vital que con toda seguridad es capaz de minar hasta los más elaborados talentos.
Todo esto es una lástima, pues el ejercicio de la actividad política no es solamente altamente recomendable sino que, además, es necesario para que la nación, para que la sociedad encuentre vías más eficientes en la búsqueda del bienestar, la justicia y la resolución de sus problemas.

Thursday, February 04, 2010

La mera verdad

Tea Party

Back in the game


Me atacaron los virus en bandada y en una operación relámpago desmantelaron mis barreras de defensa; sin embargo, los mecanismos de restauración del sistema inmunológico ofendido resultaron efectivos. Por supuesto que esto ocurrió con el auxilio de algunas cuantas pastillitas de vivos colores y de sabor muy desagradable.
Durante los tres últimos días sentí un congestionamiento nasal que me impedía respirar adecuadamente; una fiebre persistente que pobló mis noches de pesadillas apocalíptico-literarias; dolencia corporal generalizada e inapetencia. Como ya soy profe he perdido ese privilegio que tienen los alumnos de poder quedarse en casa, así que hube de deambular de un lugar a otro con mi dolencia a cuestas; por si fuera poco nevó. En fin, la cosa es que estuve atado al potro de una miseria que estoy seguro conoces muy bien.
Ahora me acabo de levantar después de una noche más o menos normal y me siento revitalizado, como ya liberado de la posesión virulenta y con el ánimo renovado para seguir la marcha en este deambular por los desiertos de la vida. Sólo una cosa ha quedado como señal de la guerra microscópica recientemente librada en mi organismo: un inagotable venero que se me escapa por las narices y amenaza con convertirse muy pronto en un nuevo Mississippi.
En fin, era solo que me quería reportar listo y preparado en la trinchera cibernética. Los abrazo como siempre y les deseo que se mantengan lejos de estos nuestros nefastos “amiguitos” del universo invisible.

P.S. Una vez me dijo mi doc que una persona sana se enferma de gripe, resfriado o flu, un promedio de tres o cuatro veces al año. Los niños, en general más vulnerables a los bichos, de seis a ocho. ¿Qué tal?

Saturday, January 30, 2010

Círulos de entendimiento y respeto


Conversaba con un amigo, quien, en postura crítica y respetuosa a la vez, cuestionaba ciertas posiciones neutrales que, según él, puede percibir en lo que hablo, en lo que escribo. Luego, casi al terminar nuestra plática, añadió algo que me golpeó con ese estremecimiento que viene de la verdad mostrada: “quiero evitar caer en argumentos circulares”. Supe así que lo que persigo es precisamente una discusión que se funde sobre el principio de la circularidad. Me explico:
Creo que en México hemos padecido durante mucho tiempo una carencia de sentido crítico y que esto se manifiesta, sobre todo, en la incapacidad de establecer diálogos verdaderos. Lo que ocurre, y basta echar un vistazo a los medios para comprobarlo, es un perpetuo escándalo que tiene como objetivo principal el demostrar que la verdad está siempre del lado que grita o golpea más fuerte; esto -se le vea como se le vea- es profundamente inmoral.
Perseguimos un fantasma: la implantación de un modelo social unívoco. Se piensa que un conjunto de ideas y maneras de ver el mundo bastan para que todos seamos felices obligatoriamente, y lo curioso es que hasta los progres, tan dados a cacaraquear su compromiso con las libertades de la persona, son absolutamente intolerantes, empecinados en la loca idea de una libertad que sólo encarna en ellos: ante tan grande evidencia el mundo debe doblegarse.
Mis metas, en cambio, son más modestas: buscar con paciencia la discusión pública de los temas más apremiantes sin ninguna esperanza de alcanzar acuerdos absolutos; pero eso sí, con la paciente certeza de que en la dinámica, en el rejuego, en la contrastación valorativa de las distintas opiniones es posible alcanzar un estadio de diálogo que sea, por fin, verdaderamente humano y respetuoso.
Creo que la meta está ya aquí, entre nosotros, y encarna en la voluntad de probar nuestra tolerancia en la inclusión del otro, cualquiera que sea su origen y carácter. ¿No es acaso un estado de perpetuo conflicto, de perpetuo roce y falta de consenso, la característica más preclara de una verdadera democracia?

Thursday, January 28, 2010

Diario de una panza II



Pues bien, escribo en este cuarto día en el que a las claras se ve que los efectos positivos de mi régimen se han dejado sentir. Por principio de cuentas, el humor se me ha aligerado y las expectativas halagüeñas me hacen asumir el compromiso con gran relajamiento; por otra parte y por increíble que parezca, cuando uno tiene un gran sobrepeso, bastan unos pocos días para que el proceso de deflación inicie su marcha.
¿A qué se deben estos cambios tan radicales en tan poco tiempo? La respuesta está en la sangre: se trata de la disminución de insulina. Cuando una persona come en demasía, el páncreas precisa –naturalmente- de producir una mayor cantidad de esta hormona para poder metabolizar los carbohidratos incluidos en los alimentos; de esta manera, la presencia de altas concentraciones de insulina en la sangre durante un largo período de tiempo generan una resistencia del organismo a sus efectos; de esto se deriva, a su vez, una mayor secreción de la hormona y, por tanto, un aumento considerable en el apetito. Un gordo siempre tiene hambre porque ha caído en un círculo vicioso que sólo puede romperse al dejar de comer carbohidratos por un tiempo.
Ciertamente esta explicación biológica no es suficiente para entender el problema del sobrepeso, pues como hemos dicho anteriormente, éste tiene sus raíces en la esfera sicológica, es decir, en aquel estadio de la persona que involucra fisiología y experiencia. Más adelante y mediando una investigación sobre este aspecto específico, podremos compartir con ustedes algunos datos que puedan resultar de su interés.

Tuesday, January 26, 2010

Luces no bélicas



Antes de ser llevado a su centro educativo, hoy por la mañana, mi hijo precisó una sola cosa: necesitaba su rifle de juguete. La madre se lo da y así, como cualquier otro día, se van hacia su destino. Al llegar, la maestra, con la corrección política y el tacto esperados, solicita que se lleven ese juguete bélico, pues en ese lugar han sido prohibidos. Como es natural, la criatura se siente defraudada y se resigna, como todos los niños tuvimos que resignarnos alguna vez, ante las disposiciones y ordenanzas inapelables de los mayores. Fin de la historia.
Estas incongruencias, estas tremendas paradojas de la cultura y la sociedad nortemericanas me resultan ya tan familiares que han dejado de sacarme de mis casillas; es decir, en la misma sociedad en la que se tiene un culto idolátrico a las armas que matan, se le concede el carácter de tabú a una inofensiva pieza de plástico. Palabras irán, palabras vendrán, pero la verdad es que la violencia no se aprende jugando a vaqueros e indios (perdón, nativos americanos), sino que es consecuencia directa de la pérdida o corrupción de las estructuras familiares. La violencia es hija de la destrucción del sentido común, es decir, es el fruto podrido de un exacerbado egoísmo, y en la práctica y difusión de esta errónea visión de mundo -qué duda cabe-, este país se pinta solo.

Frío